La troballa d'una imatge que pot procedir de Valldigna unit al projecte de convertir-la en patrona de Valldigna i Reina del Mediterraneo ha posat d'actualitat quin va ser la destinació final de Santa Maria de Valldigna sota que la seva advocación es va erigir el monestir cisterciense a la fi del segle XIII.

LEVANTE-SAFOR 9-XII–07
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El hallazgo de una imagen que puede proceder de Valldigna unido al proyecto de convertirla en patrona de Valldigna y Reina del Mediterraneo ha puesto de actualidad cuál fue el destino final de Santa Maria de Valldigna bajo cuya advocación se erigió el monasterio cisterciense a finales del siglo XIII.
El destino que tras la desamortización de 1835 tuvo la imagen de Santa Maria de Valldigna, una talla de madera, es desconocido. Nadie sabe su destino final: si fue sacada en secreto por los monjes al abandonar el cenobio o si fue quemada o destrozada con los primeros asaltos tras la desamortización.
No existe ningún grabado. Sólo la descripción del inventario del monasterio efectuado el 22 de septiembre de 1648 por Fra Rafael Trobado, abad de la Valldigna, prior de Montsant (Xàtiva) y Vicario General de la Sagrada Congregación Cisterciense en los reinos de Valencia y Aragón.
El abad explica que “en dicho retablo (del Altar Mayor) se halla en medio la Virgen Nuestra Señora de Valldigna de madera dorada sentada en silla de lo mismo, con el niño Jesús y dos angelicos dorados a los lados y en la cabeza tiene la Virgen una corona imperial de plata sobredorada de piedras preciosas y el niño Jesús tiene una diadema de plata y en el pomico que tiene en las manos unan cruz de plata”.
Esa descripción de Santa Maria de Valldigna no se corresponde en modo alguno con la imagen encontrada en Torrelodones, una talla de piedra del siglo XV, sobe 1’60 m. de alta, que representa a la Virgen, de pie, sosteniendo en su mano derecha a su hijo que lleva un libro, la “Sapienza”, una simbología habitual en las imágenes góticas de esa época junto a la azucena, recordatorio de la virginidad de María. Todo apunta a que procede de la fachada de una iglesia pero cabe recordar que, en Valldigna, la segunda iglesia monacal de estilo gótico fue asolada por un terremoto en 1644.
La imagen de Torrelodones conserva trazos de policromía y se encuentra en mal estado de conservación. Esta tallada en piedra arenisca, de características semejantes a la cantera de la vecina Barxeta o de Novelda, coincidencia que ha llevado a suponer una posible procedencia del monasterio.
SIN MENCION EN EL INVENTARIO
La falta de estudios y las circunstancias vividas por el cenobio en los últimos siglos ponen más dudas sobre el supuesto origen monacal. Así, en el inventario realizado en 1648, cuatro años después del terremoto, el abad Trobado describe con profusión y detalle los bienes muebles de la iglesia, sala capitular y claustro del silencio, y no hace referencia alguna a una imagen de la Virgen, tallada en piedra y policromada, como la hallada en Torrelodones. Pero si precisa con minuciosa exactitud los cuadros, libros e incluso los altares e imágenes del claustro, con referencia a las capillas y altares de la Virgen del Rosario, la Concepción, los misterios de la Virgen o la Virgen del Pilar.
No hemos de olvidar que el expolio y destrucción de Valldigna se produce de forma inmediata tras la desamortización de 1835. El mismo día de la salida de los monjes se inició el saqueo y quema de bienes de modo que, al cabo de unos pocos años, el monasterio era una ruina y sus elementos constructivos se vendían al mejor postor.
A este respecto son esclarecedores los artículos publicados por el clérigo Roc Chabas, en la revista “El Archivo” de los meses de noviembre y diciembre de 1989. Se detalla las visitas que efectúa a la Valldigna los días 5 y 11 de septiembre de 1889 acompañado, entre otros, por el arabista Julián Ribera y el vicario de Benifairó.
NADA DE VALOR EN EL MONASTERIO
Roc Chabas apunta que “cuadros, estatuas, altares, sillería, todo ha desaparecido” para continuar luego “los monumentos del arte han desaparecido como por ensalmo. Los cuadros, los libros, papeles, alhajas no los busquéis en parte alguna, nadie sabe donde fueron a parar”.
Es improbable que una imagen de dimensiones y características como la encontrada en Torrelodones hubiese pasado inadvertida por Roc Chabas y el grupo de intelectuales que le acompañaban. Sin embargo, como ya hizo el abad Trobado siglos antes, el canónigo no hace ninguna referencia, ni la plasma en ninguna de las fotografías que toma en el cenobio, caso del baldaquino, Palau de l’Abat o claustro, difundidas tras su localización en el archivo de la catedral de Valencia.
Chabas remarca que en 1898 en el monasterio no quedaba nada de valor, excepto el claustro del Palau de l’Abad y apunta premonitorio “que se conserva erguido porque no ha encontrado comprador”, observación reveladora sobre el destino que se daba a los elementos constructivos del monasterio.
Se hace, por tanto, difícil pensar que el monasterio conservase una imagen de la Virgen y que se trasladase veinte años más tarde a Torrelodones junto al claustrillo de Palau de l’Abat. La tradición oral de Simat nada indica al respecto, pero sí que los más viejos del lugar describían hace poco “las carretas arrastradas por bueyes para llevarse las piedras del palaciet”.
Las informaciones recogidas por este periódico señalan que en el inventario de Canto del Pico se dice que el claustrillo procede de Valldigna y se diferencia de la imagen de una Virgen “procedente de Valencia”. Estos expertos indican que “hace falta un estudio a fondo, acudir al expediente de 1931 que declaraba BIC al Canto del Pico”.
La Valldigna se alegraría de recuperar otro elemento patrimonial. Los mismos expertos indicaban que aunque “finalmente se demuestre que procede de Valldigna” está claro que no es la imagen de la patrona ni históricamente tiene un privilegio que sólo alcanzaría tras el nombramiento que puede realizar el Papa en un futuro inmediato.